Archivos para padres

Comunicación en la familia

Publicado en General, PSICOLOGIA, SUPERACION PERSONAL con etiquetas , , , , , , , , , , , , el Septiembre 2, 2008 por edmoli879

Una buena comunicación une la familia
Por supuesto que no existe una regla básica para mejorar la comunicación en una família. Cada família es un mundo distinto, un lenguaje único. Lo que sí deberían existir, como forma para mejorar la comunicación, es la voluntad, el interés, y la disponibilidad, por parte de los padres, a que este espacio sea creado y vivido intensamente, en la medida de lo posible. Si lo que quieren es una familia unida, la mejor vía, el más acertado camino, es por la comunicación.

Consejos para ayudar en la comunicación entre padres e hijos
1. Observar el tipo de comunicación que llevamos a cabo con nuestro hijo. Dediquemos unos días de observación libre de juicios y culpabilidades. Funciona muy bien conectar una grabadora en momentos habituales de conflicto o de sobrecarga familiar. Es un ejercicio sano pero, a veces, de conclusiones difíciles de aceptar cuando la dura realidad de actuación supera todas las previsiones ideales.

2. Escuchar activa y reflexivamente cada una de las intervenciones de nuestros hijos. Valorar hasta qué punto merecen prioridad frente a la tarea que estemos realizando; en cualquier caso, nuestra respuesta ha de ser lo suficientemente correcta para no menospreciar su necesidad de comunicación.

3. Si no podemos prestar la atención necesaria en ese momento, razonar con él un aplazamiento del acto comunicativo para más tarde. Podemos decir simplemente: dame 10 minutos y enseguida estoy contigo. Recordemos después agradecer su paciencia y su capacidad de espera.

4. Evita el empleo del mismo tipo de respuestas de forma sistemática para que nuestro hijo no piense que siempre somos autoritarios, que le hagamos sentir culpable, que le quitamos importancia a las cosas o le damos sermones.

5. Dejar las culpabilidades a un lado. Si hasta hoy no hemos sido un modelo de comunicadores, pensemos que podemos mejorar y adaptarnos a una nueva forma de comunicación que revertirá en un bien de nuestra familia suavizando o incluso extinguiendo muchos de los conflictos habituales con los hijos.

6. Cuando decidamos cambiar o mejorar hacia una comunicación más abierta, es aconsejable establecer un tiempo de prueba, como una semana o un fin de semana, terminado el cual podamos valorar si funciona o no y si debemos modificar algo más. Los padres tenemos los hábitos de conducta muy arraigados y cambiarlos requiere esfuerzo, dedicación y, sobre todo, paciencia (¡con nosotros mismos!).

Retraso escolar

Publicado en PSICOLOGIA, SUPERACION PERSONAL con etiquetas , , , , , , , , el Agosto 20, 2008 por edmoli879

Concepto

Clásicamente se tiende a diferenciar “fracaso” y “retraso escolar”, reservándose el primer término para aquellos retrasos que exceden los dos años. En realidad, el fracaso va precedido siempre por el retraso, que termina frecuentemente en él, si no se pone en marcha alguna acción preventiva. El fracaso escolar también es distinto de la “inflexión escolar”, en esta última, el fracaso viene precedido por una época de escolaridad y suele ser reactiva (enfermedad de la madre, separación de los padres, fallecimiento, etc.).

Etiopatogenia

El estudio del fracaso escolar (FE), en los últimos años, ha pasado desde ser considerado consecuencia únicamente de la pereza del niño, a ser achacado a una deficiente dotación neurofisiológica para, por fin, llegar a un concepto sociológico que tiene en cuenta la inadaptación de la estructura escolar. Hoy se piensa que en él siempre hay tres partes implicadas: el niño, su familia y la escuela, todas ellas deberán ser adecuadamente valoradas.

­ Factores familiares. Launay (8) piensa que “todo cuanto en el orden de conflictos interfamiliares, y más aún en lo que se refiere al abandono, dificulta la evolución de la personalidad, frena el interés del niño en lo que atañe a las actividades escolares de su edad (…). Lo que suscita el interés del término medio deja indiferente al retardado afectivo, pues su interés personal está contrariado, bien por su oposición al medio escolar, bien por su incapacidad para entrar en relación con los objetos de su ambiente”. Ejercen una gran influencia en la escolaridad del niño factores tales como la dinámica de intercambios familiares, el grado de motivación de los padres respecto a la escuela, su nivel sociocultural, las exigencias respecto al niño, el nivel de participación de los padres en la vida escolar del hijo, etc.

­Factores de la escuela. Tanto en lo que se refiere a los aspectos puramente formales (horario, ritmo, exceso de clases, número de niños en cada clase, progresión lineal en función de la edad…) como a los contenidos que se enseñan (métodos pedagógicos y su adecuación a la edad del niño, formación y motivación del profesorado), Launay señala también los cambios de escuela y el absentismo escolar.

­Factores del propio niño. Tales como su capacidad de aprendizaje, desarrollo neurofisiológico, motivación y estado somático; vamos a ver con más detenimiento algunos de estos factores:

­Debilidad mental. Una debilidad mental media obstaculiza siempre el progreso escolar, sin embargo la debilidad ligera o límite no suele ser la causa principal del FE: “el nivel intelectual de los niños en situación de fracaso es muy variable aunque el centro de la curva se decante hacia una media ligeramente inferior”(7).

­Rechazo escolar. A veces puede proceder del niño que se opone a toda adquisición escolar como consecuencia de una organización caracterial o psicopática, otras veces como resultado de una inhibición frente a la problemática edipiana, principalmente en la rivalidad con el padre; puede ser también señal de hostilidad, más o menos manifiesta, de los padres respecto a la escuela, fundamentalmente cuando proyectan sus antiguos problemas sobre la actual vivencia de su hijo; otras veces es consecuencia de exigencias excesivas de los padres que el niño no puede asumir.

­

Desinterés escolar. No puede hablarse del mismo hasta bien avanzado el periodo de latencia, cuando “el Superyo se separa de la figura misma de los progenitores, adquiere independencia y gobierna al niño desde dentro”; (24) mostrará aversión por todo lo que atañe a la escuela, se quejará de que la ve inútil y de que le resulta aburrida; hay que tener presente, no obstante, que este desinterés puede deberse a una depresión o a una reacción psicótica.

­Inhibición escolar. El niño aparece como incapaz de concentrarse en la tarea y sufre por ello; suele traducir una organización neurótica conflictiva debida al fracaso de los mecanismos de defensa fisiológica que operan en el niño en su paso evolutivo a la fase de latencia, fracaso que no permitirá que “su antiguo interés por ver todo y espiar los secretos más íntimos de su ambiente” se convierta en “afán de saber y aprender”  sino que, por el contrario, se verá notablemente obstaculizado.

Clínica

Launay (8) señala una serie de momentos en la escuela primaria especialmente propicios para la aparición del FE:

­El comienzo de la escolaridad, suele aparecer un fracaso global que afecta a todas las materias; si fracasan en una sola, suele ser en la lectura, más raramente en la escritura y, de una manera excepcional, en cálculo; entre estos niños suele haber deficientes intelectuales, retrasos madurativos y trastornos afectivos; puede ser temporal, generalmente en niños de inteligencia normal, aunque otras veces será el punto de partida de una escolaridad perturbada.

Entre los ocho y los diez años, muestran un fracaso global, en estas edades es muy raro el fracaso específico que puede afectar al cálculo u ortografía; el número de deficientes intelectivos es aún menor que en el periodo anterior, aunque encontramos niños poco “dotados” que fracasan a partir de los primeros problemas, hay niños víctima de errores pedagógicos; pero el grupo más numeroso es el de aquellos a quienes la clase “no interesa”. En algunos casos se dan problemas familiares, en otros no; algunos pueden padecer trastornos somáticos o psíquicos.

­Un momento difícil son los once años, el cambio del 5.º curso de EGB (un solo profesor, tareas concretas, pocas iniciativas permitidas al escolar, ritmo de trabajo moderado) a 6.º de EGB (varios profesores, menor vigilancia, más libertad, ritmo de trabajo más rápido), es la causa de muchos fracasos.

La mayoría de los niños que fracasan caen en un círculo vicioso que lleva consigo el desinterés, después la desaprobación del maestro con las consiguientes sanciones que motivarán reacciones de oposición (inercia, fugas,…). Cualquiera que sea la causa del FE, habitualmente acarrea una serie de reacciones que dependen del carácter del chico: apatía, turbulencia, inestabilidad, oposición, etc.; reacciones que mantienen o agravan el fracaso inicial y que marcan la vida escolar. Las manifestaciones de estos niños abarcan casi toda la psicología infantil.

Diagnóstico

Se realiza teniendo en cuanta los resultados de los estudios psicométricos y, sobre todo, comprobando las diferencias que suelen existir entre los test de inteligencia que exploran la dotación, actitudes o expectativas intelectuales (escala de Raven, test del dominó, y sobre todo Rorschach) y los que ofrecen niveles de desarrollo de la función intelectual (Gesell, Wisch,Terman, etc.), que suelen dar resultado snormales o superiores. No habrá que descuidar otros datos biográficos como la existencia de retrasos en adquisiciones psicomotoras, lenguaje, control de esfínteres, falta de iniciativa en búsqueda de experiencias y discreto apego a los padres.

Tratamiento

Debe ser precoz para romper el círculo vicioso del FE y habrá que combinar la reeducación con la psicoterapia del niño y la terapia de apoyo a los padres, en caso necesario.

Los conflictos de los padres

Publicado en PSICOLOGIA, SUPERACION PERSONAL con etiquetas , , el Agosto 20, 2008 por edmoli879

Los conflictos de los padres afectan al futuro de los hijos

El comportamiento de los padres y su forma de tratarse y de enfrentarse a los problemas de pareja influyen en el futuro comportamiento de los hijos, según dos estudios publicados el número de febrero de Child Development. «Una buena analogía es pensar en la seguridad emocional del niño como en un puente entre el niño y el mundo», dijo el doctor Mark Cummings, catedrático de Psicología en la Universidad de Notre Dame en Indiana y uno de los autores del estudio.

Cuando la relación de matrimonio funciona bien, es una base segura que sirve de soporte a la exploración del niño y la relación con los demás, pero «cuando el conflicto marital erosiona ese puente, los niños pueden perder la confianza y se vuelven indecisos a la hora de avanzar, o puede que avancen pero de forma irregular», según este especialista.

En el primer estudio participaron 226 padres con sus hijos de entre 9 y 18 años. En el segundo, fueron 232 padres con niños de preescolar. En ambos casos, la duración del estudio fue de tres años, y se demostró por igual que los comportamientos destructivos de los padres (como hostilidad verbal, tristeza, retraimiento) provocaban un desajuste emocional en los niños, ansiedad, depresión, y problemas de comportamiento en general.

Según el doctor Cummings, los padres e incluso los profesionales de la salud mental no tienen en cuenta la importancia del conflicto marital para el bienestar de los niños, y muy pocos saben que la seguridad de los pequeños está muy ligada a la calidad de la relación de sus padres.

En estudios previos, Cummings demostró que, por el contrario, las relaciones constructivas en las que los padres se demuestran cariño y sentimientos positivos, pueden aumentar la sensación de seguridad de los niños. «De manera que este estudio sirve como alerta para que los padres aprendan a resolver los problemas de forma constructiva por el bien de sus hijos y de sí mismos», dice Cummings.