Archivos para hijos

¿Cómo me comunico?

Publicado en PSICOLOGIA, SUPERACION PERSONAL con etiquetas , , , , , el Octubre 21, 2008 por edmoli879

¿Cómo me comunico?¿Transmito lo que quiero?D. Fernando Azor Lafarga, Co-director, coordinador de la sección clínica
Comunicarnos con los demás no siempre es fácil. Nuestras emociones, nuestras inseguridades y las de los demás pueden ser frenos para hacer llegar correctamente al otro lo que queremos decir. Sentir que algo es evidente, que llevamos la razón y que así debe entenderlo todo el mundo, nos ayuda a defender ideas y necesidades, pero también nos puede hacer sentir con demasiada frecuencia decepción al ver que los demás no ven la realidad como nosotros lo vemos. Además, la vehemencia con la que defenderemos nuestra visión puede hacer que el otro en vez de atender a nuestros argumentos y reflexionar sobre ellos, se centre más en defenderse y explicarse. Lamentablemente, no siempre los demás nos perciben de la manera que queremos.
Para intentar simplificar la comunicación humana, podemos decir que existen cuatro modos de comunicación esenciales: la agresión, la sumisión, la agresión pasiva y la aserción o asertividad. Cotidianamente intercalamos estos modos, siendo frecuente que tendamos a unos más que a otros. Lo más común es que evitemos la agresión debido al conflicto que ésta genera. Normalmente para evitar el conflicto, tendemos a callarnos lo que pensamos hasta que llega un punto en que no podemos aguantar más y entonces pese a no pretenderlo, acabamos explotando y soltando lo que pensábamos de una forma muy agresiva.
Dependiendo de la cantidad de normas rígidas sobre lo correcto o incorrecto que uno tiene interiorizadas, será más o menos fácil enfadarse cuando los otros rompan esas normas, y de esta forma podremos llegar a un modo de comunicación agresivo. Otras veces, por temor al conflicto, la agresión no es tan directa ni clara sino más sutil, a esto lo llamamos agresión pasiva. Un ejemplo de esta comunicación sería quedarse callado ante preguntas del tipo: “¿Vamos a dar una vuelta?, ¿Estás bien?, ¿Te pasa algo?”. El silencio en estos casos transmite mensajes del tipo “eres tonto”, “paso de ti”, o “no te enteras de nada”; así no se deja claro si uno está enfadado, ni la razón de ese enfado pero sí se transmite malestar
Si queremos conseguir trasladar al otro nuestro malestar, y sugerir cambios, es decir, si queremos que el otro se haga cargo de algo que nos molesta, tendremos que valorar otras posibilidades de comunicación. El mejor tipo de comunicación para este objetivo es la aserción o asertividad, es decir, expresar lo que sentimos de una forma abierta y clara sin coaccionar. El problema es que hablar de una forma abierta y clara a veces lleva al conflicto, por eso puede ser complicado defender una necesidad.
Muchas veces esperamos que sean los otros los que se den cuenta de nuestras necesidades, y si no lo hacen parece que nos dan el derecho a enfadarnos y a solicitarlo por medio de conductas más agresivas. Éstas muchas veces son eficaces pero pueden desgastar la relación. La opción asertiva creo que es realmente interesante pero sólo si se comprendemos que no garantiza que el otro vaya a cambiar o a estar de acuerdo con lo que nosotros necesitamos. Es decir, en ocasiones esta opción conlleva cierto conflicto. Aun así con la asertividad quedará claro cuál es la opinión o el deseo que uno tiene, pudiendo defenderlo sin caer en la agresión.
Así pues, si lo que queremos es no tener conflictos lo mejor es ser sumisos, si bien es cuestión de tiempo que acabemos estallando hacia fuera o hacia dentro a fuerza de aguantar.

¿El comportamiento, se Hereda o se Aprende?

Publicado en PSICOLOGIA, SUPERACION PERSONAL con etiquetas , , , , , , , , el Octubre 10, 2008 por edmoli879

Lorena López Muñoz, Editora y Coordinadora de la sección de Educativa

Una de las grandes polémicas que ha surgido entorno al estudio del carácter y comportamiento  humano es la determinación del peso que tiene la herencia (“Es igual que su padre”) y el ambiente (“el ambiente en el que se ha criado le ha hecho…”) en la formación del mismo. Son numerosos los estudios y muchos los resultados a favor y en contra de una y otra opción, lo cierto es que la influencia de ambas existe, incluso interactúan, pero es el entorno el susceptible de cambio, lo modificable y a nuestro alcance para poder instaurar, reducir o aumentar conductas.
           
Este entorno o ambiente está formado por una serie de factores externos que ejercen o pueden ejercer una acción directa sobre el comportamiento. Ambiente es todo lo que nos rodea: la familia con la que uno vive, el contexto social en que se encuentra, el lugar donde reside. Ambiente son también las ideas, creencias, juicios de quienes nos rodean.

La elección de la escuela a la que acudirán nuestros/as  hijos e hijas, de acuerdo con nuestras ideas acerca de la educación o por criterios de tipo práctico (económicos, proximidad…), el barrio en el que vivirán, la estructura familiar, las amistades etc. están configurando parte del ambiente que les rodeará y por tanto su “carácter”, su ideología, sus gustos…

Incluso la predisposición genética a tener un determinado físico (tener el pelo rizado o ser propenso a la obesidad), que a priori no supone por sí mismo un problema, lo puede llegar a ser en un ambienten en el que las pautas estéticas que rigen, valoran tener el pelo lacio o estar delgado. En este caso los rasgos iniciales son debidos a la herencia pero la conducta que se origina será debida a la interacción de estos rasgos con el medio.   

Pero, ¿a qué llamamos conducta?
Llamamos conducta o comportamiento a todo lo que hace el ser humano, adulto o niño: una acción, un movimiento, e incluso la forma de reaccionar en una situación determinada. Siempre estamos haciendo algo y los demás a nuestro alrededor también.

De las respuestas que dé el ambiente a estos comportamientos, respuestas positivas o negativas, va a depender que estos persistan, aumenten o disminuyan.

Si cuando una niña llora, su madre o padre le coge en brazos enseguida, aprenderá que su comportamiento ha sido eficaz para conseguir su objetivo y por tanto mantendrá este comportamiento siempre que desee que esa consecuencia, tan positiva para él, vuelva a suceder.. Si un niño recibe un caramelo inmediatamente después de vestirse solo, es probable que en el futuro se vista solo con más frecuencia, ha visto “recompensado” su esfuerzo . Si al comprar en una tienda logramos un descuento, probablemente volveremos a comprar a esa tienda. Todos estos comportamientos han estado seguidos de consecuencias positivas, agradables, por ello la probabilidad de repetirse en un futuro aumentará.

Si por el contrario, al realizar una conducta no se obtienen consecuencias agradables o incluso las consecuencias que se obtienen son negativas (un insulto, quedarme sin postre o sin mi programa favorito, una factura cara por un servicio poco competente…) es probable que esa conducta disminuya o no se repita más. Luego el aprendizaje de unos comportamientos u otros dependerán, en gran medida, de las consecuencias que producen en le entorno.

Pero no sólo las consecuencias son las responsables de nuestra forma de actuar.
“¿Dónde habrá aprendido este niño a…?, nosotros nunca lo hacemos”. La observación e imitación de los modelos que nos rodean también son una fuente importante de aprendizaje. El aprendizaje por imitación se inicia muy pronto y se desarrolla durante toda la vida.
La adquisición del habla es un ejemplo claro de aprendizaje por imitación. Ésta se realiza en un principio en presencia del modelo, más adelante esta presencia no será necesaria para que el niño pueda imitar al modelo. Bastará con que observe un comportamiento en un momento determinado y lo reproducirá posteriormente porque lo recuerda, aunque la situación no sea exactamente la misma.

Los primeros modelos a imitar van a ser los familiares cercanos: hermanos, padre y madre, etc. Más tarde cuando el niño vaya a la guardería o al colegio serán los maestros, compañeros, amigos de juegos, héroes, cantantes y protagonistas de sus series preferidas.

Ahora bien, de nuevo las consecuencias del comportamiento tiene un peso importante, los niños no imitan todos los comportamientos que ven a su alrededor, sino que seleccionan, observando cuáles son los que reportan consecuencias positivas tanto a quienes los realizan como a ellos mismos al ejecutarlos. Si la primera vocalización del bebé, o su primera sonrisa viene seguida del entusiasmo de los padres, o de un sonido similar, la probabilidad de que éste lo repita será mayor.

Así pues vemos que tanto la conducta adecuada como la inadecuada (aquella que dificulta el desarrollo personal satisfactorio, tanto del que emite, como del que recibe el comportamiento) se aprenden por procedimientos análogos y que en nuestra mano está, muchas veces, modificar el ambiente que contribuye o no al desarrollo de las mismas. Conociendo las técnicas adecuadas y llevándolas a cabo de forma consistente y en el momento adecuado, podremos, en principio, aprender a modificar el comportamiento.

Orientaciones a los padres

Publicado en PSICOLOGIA, SUPERACION PERSONAL con etiquetas , , , , , , , , , , , , , el Septiembre 25, 2008 por edmoli879

La única manera de combatir el maltrato es la cooperación entre todos los implicados: maestros y profesores, padres y alumnos… y hacerlo desde una vertiente positiva.

Si piensas que tu hijo/a puede estar implicado/a en conductas agresivas o puede ser víctima de maltrato por parte de los compañeros/as…

… es importante reaccionar con calma, sin reproches ni culpabilizaciones.

Con calma, anímale a hablar y pídele que explique qué está pasando. Es importante valorar la importancia y gravedad de la situación. Habla con el tutor de la escuela o el instituto.

Si está implicado en conductas agresivas ayúdale a ver que se pasa de la ralla y que está perjudicando a un compañero. Ayúdale a encontrar maneras no agresivas de relacionarse y buscad juntos por qué lo hace. Si conviene pedid ayuda a un profesional.

Si está en el rol de víctima hacedle ver que lo que le pasa no es su culpa, que le puede pasar a cualquiera y que entre todos le vais a ayudar a superarlo. Si conviene pedid ayuda a un profesional.

Es importante expresar al centro educativo vuestra preocupación y colaborar con las acciones que tomen. Intentad encontrar juntos soluciones positivas para todos los implicados y dadles tiempo para llevarlas a cabo.

No es fácil acabar de golpe con una violencia que se ha ido construyendo lentamente, pero trabajad para que la situación vaya mejorando y, sobretodo, evitad complicar la situación y que la situación se deteriore aún más.

De todos modos, la prevención es la estrategia más importante, y es preciso mantener una buena comunicación con los hijos (en la edad de la adolescencia es un poco más difícil…)

Dar modelos positivos: Mantener unas buenas relaciones familiares. Resolver amigablemente vuestros conflictos. No aceptar la violencia.

Hablar cada día con vuestro hijo: Escuchar sus opiniones. Ayudarlo a encontrar soluciones a sus problemas. No permitir que provoque a los compañeros. Ayudarlo a aprendrer a reflexionar. Recordar que la primera defensa contra la intimidación es la autoconfianza.

Educarlo en unos valores de respeto y tolerancia: Cuidar su crecimiento emocional y ayudarlo a sintonizar con los sentimientos de las demás personas.

Definir unas normas claras y consistentes: Explicar claramente qué está permitido y qué no lo está, dando los argumentos necesarios. Aplicar las normas de manera consistente.

Darle oportunidades de construir amistades: Preguntarle como lo tratan sus amigos y compañeros de clase. Interesarse para conocerles, invitarles a casa.

Controlar los programas de TV: Muchos programas de TV y videojuegos refuerzan la idea que la agresión es la única manera de resolver conflictos. No se trata de prohibir, sinó de ser crítico, comentar la influència y ofrecer alternativas.

Favorecer que tenga alguna afición: Implicarle en actividades que desarrollen habilidades valoradas por los chicos de su edad. Facilitarle materiales y oportunidades para hacer actividades de grupo. Recordad que la intimidación se favorece cuando los chicos estan juntos y no tienen nada constructivo que hacer.

Hablar sobre cómo afrontar los problemas: Ayudarlo a tener respuestas adecuadas en el caso que le molesten y/o le intimiden. No le aconsejes que se tome la revancha. Respondrer agresivamente es la peor defensa y da mas motivos al agresor para retomar los ataques.

Implicarse en su educación escolar: Mantener contactos regulares con la escuela. Apoyar al centro y al profesorado. Si teneis dudas al respecto es aconsejable hablarlas con el profesorado pero no lo desautoriceis delante de vuestro hijo.

Acompañar los hijos/as en su proceso de crecimiento es responsabilidad de los padres