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Cómo disminuir conductas

Publicado en PSICOLOGIA, SUPERACION PERSONAL con etiquetas , , , el Noviembre 10, 2008 por edmoli879

Lorena López Muñoz, Editora y Coordinadora de la sección de Educativa

¿Cómo terminar con las rabietas y pataletas de mi hijo cuando no cedo a sus demandas? ¿cómo conseguir estudie en lugar de ver la tele? ¿Cómo hacer que deje de llegar más tarde de su hora o llame para pedir permiso? Modificar el comportamiento de nuestros hijos e hijas, como estamos viendo, no es tarea fácil, pero con constancia y esfuerzo, podremos estar tranquilos a largo plazo. Veamos algunas técnicas que nos pueden ayudar a disminuir e incluso eliminar aquellos comportamientos inadecuados y molestos de nuestros hijos/as.

Aunque lo fundamental es poder instaurar y desarrollar nuevos comportamientos y habilidades que permitan al niño/a una actuación adecuada ante las necesidades del entorno, en ocasiones se hace necesario reducir e incluso eliminar aquellas conductas que alteran, dificultan o impiden una buena adaptación del niño/a al medio, a un ambiente adecuado y feliz tanto para éste/a como para su entorno familiar, escolar y social.
Algunas de las técnicas que nos pueden ayudar en este cometido son:

Extinción

De igual forma que aquellas conductas que van seguidas por consecuencias gratificantes aumentan en frecuencia, si a un comportamiento no le siguen consecuencias positivas, ira disminuyendo hasta llegar a desaparecer. Así pues, para terminar con las conductas inadecuadas de nuestros hijos e hijas no debemos recompensarles ni prestarles atención de ninguna clase, ya sea en forma de razonamientos, explicaciones o reprimendas,  ya que la atención es el mayor refuerzo que alguien puede obtener. Sencillamente  no ocurrirá nada.
Si aplicamos esta técnica de forma consistente y continuada obtendremos la reducción y eliminación de la conducta indeseable.

Si, por ejemplo, cada vez que Pablo tiene una “rabieta”, consigue que su madre intervenga, razonando, gritándole, o comprándole el caramelo o el juguete, motivo de la rabieta, es muy probable que ésta se repita con más frecuencia. El niño habrá aprendido que todo es cuestión de persistencia e intensidad. La mejor forma de actuar es dejarle sólo, manteniéndonos cerca, y esperar a que deje de llorar o gritar. Pero nunca amenazarle con dejarle ahí, algo que además sabemos que no podemos cumplir, o decirle  que así no va a conseguir nada y su comportamiento es de bebé etc…, con ello el niño verá atendida su demanda y sentirá “control” sobre nuestro comportamiento.

Cada vez que Jaime hace el “tonto” en clase, sus compañeros ríen abiertamente y celebran sus tonterías. Debido a ello Jaime se comporta cada vez peor en clase. Si sus compañeros dejaran de reírse y fijarse en él cuando actúa de ese modo, y el profesor de llamarle la atención o reprenderle delante de todo el grupo, haciéndole “protagonista del día”, transmitiéndole que tiene el poder de para toda una clase,  probablemente esa conducta se extinguirá.

Pero para ser efectivos debemos ser también consecuentes y constantes. Debemos obrar de la misma forma cada vez que tenga lugar el comportamiento incorrecto, porque de lo contrario el niño/a aprenderá que cambiando o insistiendo obtendrá lo que pretende, manteniéndose así su comportamiento negativo.

Así, si durante tres veces seguidas ignoramos las pataletas de Pedro y la cuarta vez cedemos a su capricho, porque estamos cansados y nuestra paciencia se acaba, habremos fortalecido su conducta y las pataletas proseguirán.

Es de esperar, y por tanto es importante advertir, que esta técnica supone un aumento inicial de la emisión del comportamiento no deseado, ya sea en la intensidad de las rabietas o las llamadas de atención en el aula, e incluso de cierta agresividad en el niño/a al ver que su conducta no funciona o que necesita intensificar sus respuestas para conseguir su objetivo.

Para la extinción sea eficaz, es necesario identificar y controlar los refuerzos que mantienen el comportamiento indeseado (atención, obtención de lo que deseo,…) y dejar de emitirlos.

Aunque es cierto que es una forma de reducción de comportamientos lenta y costosa, resulta muy eficaz y poco agresiva.

El reforzamiento de conductas alternativas

No reforzar las conductas inadecuadas no es lo único que debemos hacer para eliminarlas. ¿Y si el niño/a no sabe otra forma de llamar la atención, de conseguir lo que quiere, de recibir aprobación?
Esta técnica, que normalmente acompaña al resto de las técnicas de disminución o eliminación de conductas inadecuadas para acelerar el proceso, consiste en premiar comportamientos adecuados y alternativos a los que queremos eliminar. Así cada vez que el niño pida las cosas de forma adecuada y no llorando, o se mantenga en clase callado en lugar de alborotando, buscaremos la forma de recompensarlo, con cualquiera de los reforzadores comentados en artículos anteriores (una felicitación, una tarea especial, un premio….).

Mientras la madre de Sara está tomando un café con una amiga, el niño lloriquea a fin de atraer su atención, hasta que ella abandone y juegue con él. Si además de no atender sus lloriqueos,  la propone hacer unos dibujos o un puzzle mientras ella habla, y lo recompensamos con atención (“qué bonito te está quedando”, “Qué bien te estás portando”,  dando caricias, sonrisas,…) un helado al terminar, o cualquier otro “premio”, su conducta de llorar disminuirá con mayor facilidad.

No debemos perder de vista que los niños siempre están en busca de protagonismo, de atención, de cariño, de reconocimiento, algo básico para la formación de una buena autoestima y seguridad en uno mismo. Si sólo utilizamos la extinción, esta necesidad se ve insatisfecha, y por tanto el desarrollo emocional óptimo del niño/a  se ve frenado. No se trata de no valorar o atender, sino de hacerlo ante comportamientos adecuados y en momentos oportunos. Cuantas más oportunidades demos al niño para sentirse eficaz y exitoso, más satisfecho y feliz crecerá.

Este es un enfoque, aunque algo lento y costoso, muy positivo, ya que no genera conflictos ni reacciones agresivas o negativas,  y constructivo, el niño/a aprende nuevos y adecuados comportamientos.  

Estas son dos herramientas más que nos ayudarán en la tarea de optimizar y mejorar el comportamiento de nuestros hijos/as. Ahora es el momento de practicar y comprobar su eficacia, sabiendo que la constancia y la paciencia son virtudes esenciales en el éxito de dicha tarea.
En el próximo artículo continuaremos aportando estrategias que nos faciliten la posibilidad de modificar aquellos comportamientos que nos son difíciles de manejar.

¿El comportamiento, se Hereda o se Aprende?

Publicado en PSICOLOGIA, SUPERACION PERSONAL con etiquetas , , , , , , , , el Octubre 10, 2008 por edmoli879

Lorena López Muñoz, Editora y Coordinadora de la sección de Educativa

Una de las grandes polémicas que ha surgido entorno al estudio del carácter y comportamiento  humano es la determinación del peso que tiene la herencia (“Es igual que su padre”) y el ambiente (“el ambiente en el que se ha criado le ha hecho…”) en la formación del mismo. Son numerosos los estudios y muchos los resultados a favor y en contra de una y otra opción, lo cierto es que la influencia de ambas existe, incluso interactúan, pero es el entorno el susceptible de cambio, lo modificable y a nuestro alcance para poder instaurar, reducir o aumentar conductas.
           
Este entorno o ambiente está formado por una serie de factores externos que ejercen o pueden ejercer una acción directa sobre el comportamiento. Ambiente es todo lo que nos rodea: la familia con la que uno vive, el contexto social en que se encuentra, el lugar donde reside. Ambiente son también las ideas, creencias, juicios de quienes nos rodean.

La elección de la escuela a la que acudirán nuestros/as  hijos e hijas, de acuerdo con nuestras ideas acerca de la educación o por criterios de tipo práctico (económicos, proximidad…), el barrio en el que vivirán, la estructura familiar, las amistades etc. están configurando parte del ambiente que les rodeará y por tanto su “carácter”, su ideología, sus gustos…

Incluso la predisposición genética a tener un determinado físico (tener el pelo rizado o ser propenso a la obesidad), que a priori no supone por sí mismo un problema, lo puede llegar a ser en un ambienten en el que las pautas estéticas que rigen, valoran tener el pelo lacio o estar delgado. En este caso los rasgos iniciales son debidos a la herencia pero la conducta que se origina será debida a la interacción de estos rasgos con el medio.   

Pero, ¿a qué llamamos conducta?
Llamamos conducta o comportamiento a todo lo que hace el ser humano, adulto o niño: una acción, un movimiento, e incluso la forma de reaccionar en una situación determinada. Siempre estamos haciendo algo y los demás a nuestro alrededor también.

De las respuestas que dé el ambiente a estos comportamientos, respuestas positivas o negativas, va a depender que estos persistan, aumenten o disminuyan.

Si cuando una niña llora, su madre o padre le coge en brazos enseguida, aprenderá que su comportamiento ha sido eficaz para conseguir su objetivo y por tanto mantendrá este comportamiento siempre que desee que esa consecuencia, tan positiva para él, vuelva a suceder.. Si un niño recibe un caramelo inmediatamente después de vestirse solo, es probable que en el futuro se vista solo con más frecuencia, ha visto “recompensado” su esfuerzo . Si al comprar en una tienda logramos un descuento, probablemente volveremos a comprar a esa tienda. Todos estos comportamientos han estado seguidos de consecuencias positivas, agradables, por ello la probabilidad de repetirse en un futuro aumentará.

Si por el contrario, al realizar una conducta no se obtienen consecuencias agradables o incluso las consecuencias que se obtienen son negativas (un insulto, quedarme sin postre o sin mi programa favorito, una factura cara por un servicio poco competente…) es probable que esa conducta disminuya o no se repita más. Luego el aprendizaje de unos comportamientos u otros dependerán, en gran medida, de las consecuencias que producen en le entorno.

Pero no sólo las consecuencias son las responsables de nuestra forma de actuar.
“¿Dónde habrá aprendido este niño a…?, nosotros nunca lo hacemos”. La observación e imitación de los modelos que nos rodean también son una fuente importante de aprendizaje. El aprendizaje por imitación se inicia muy pronto y se desarrolla durante toda la vida.
La adquisición del habla es un ejemplo claro de aprendizaje por imitación. Ésta se realiza en un principio en presencia del modelo, más adelante esta presencia no será necesaria para que el niño pueda imitar al modelo. Bastará con que observe un comportamiento en un momento determinado y lo reproducirá posteriormente porque lo recuerda, aunque la situación no sea exactamente la misma.

Los primeros modelos a imitar van a ser los familiares cercanos: hermanos, padre y madre, etc. Más tarde cuando el niño vaya a la guardería o al colegio serán los maestros, compañeros, amigos de juegos, héroes, cantantes y protagonistas de sus series preferidas.

Ahora bien, de nuevo las consecuencias del comportamiento tiene un peso importante, los niños no imitan todos los comportamientos que ven a su alrededor, sino que seleccionan, observando cuáles son los que reportan consecuencias positivas tanto a quienes los realizan como a ellos mismos al ejecutarlos. Si la primera vocalización del bebé, o su primera sonrisa viene seguida del entusiasmo de los padres, o de un sonido similar, la probabilidad de que éste lo repita será mayor.

Así pues vemos que tanto la conducta adecuada como la inadecuada (aquella que dificulta el desarrollo personal satisfactorio, tanto del que emite, como del que recibe el comportamiento) se aprenden por procedimientos análogos y que en nuestra mano está, muchas veces, modificar el ambiente que contribuye o no al desarrollo de las mismas. Conociendo las técnicas adecuadas y llevándolas a cabo de forma consistente y en el momento adecuado, podremos, en principio, aprender a modificar el comportamiento.

Cómo ayudo a mis hijos…

Publicado en PSICOLOGIA, SUPERACION PERSONAL con etiquetas , , , , , , , , , el Octubre 10, 2008 por edmoli879

CÓMO AYUDAR A MI HIJO A MEJORAR SU COMPORTAMIENTO
Lorena López Muñoz, Editora y Coordinadora de la sección de Educativa

Intervenir sobre las conductas de los niños y niñas supone trabajar para cambiar las consecuencias que generan dichas conductas en el ambiente de las mismos, siendo generalmente los padres los encargados de dicha labor.

Vamos a ir señalando los “principios” de los que podemos valernos para poder fortalecer o enseñar nuevos comportamientos que queremos que desarrollen nuestros hijos/as y la aplicación de los mismos

A. Refuerzo positivo: para conseguir que una conducta se repita en el tiempo o incluso aparezca con más fuerza, el que emite esa conducta debe sentirse “recompensado”, debe sentir que la emisión de ese comportamiento nos ha gustado. Y lo debe hacer de forma inmediata para que sea eficaz.
El refuerzo es algo que nos agrada. Puede consistir en  elogios, alabanzas, frases de ánimo, felicitaciones, expresiones faciales, contacto físico, escuchar con atención (reforzadores sociales); también pueden ser reforzadores materiales, productos consumibles como chicles, chocolate, refrescos, …Artículos manipulables como discos, balones, juguetes,..o cualquier objeto que sea gratificante para el niño: ropa, una habitación para él solo..Podemos reforzarle también permitiéndole realizar actividades placenteras para él como ver la tele, jugar a la videoconsola, incluso actividades compartidas como leerle un cuento, pasar rato con los amigos, ir al cine, etc.

Para utilizar el método del refuerzo, en primer lugar hay que conocer qué cosas son reforzantes para el niño/a (si regalo un libro a alguien al que no le gusta leer no lo recibirá como premio) y qué conducta en concreto queremos reforzar, proporcionando este refuerzo de forma inmediata siempre que se de la conducta deseada. No obstante, a medida que el niño la vaya adquiriendo, la propia ejecución de la conducta será reforzante en sí misma y no será necesario recompensarla continuamente.

¿Cómo y cuando utilizarlo?

Si la conducta que deseamos implementar es compleja para el niño/a, es importante reforzar o reconocer cada pequeño paso hacia la misma, porque si esperamos la realización perfecta, el cambio inmediato, “de un día para otro”  y despreciamos los pequeños esfuerzos, difícilmente motivaremos para continuar el cambio. Así si al niño le cuesta estudiar y esperamos a que no se levante en toda la tarde, o le cuesta ordenar y hasta que no vemos recogida por completo la habitación no le premiaremos o incluso le recriminaremos aquello que le faltó, probablemente desista del intento de cambio.
Por el contrario si queremos que nuestro hijo adquiera hábito de estudio, podemos empezar reforzando cualquier actividad próxima a la de estudiar: leer, ver algún programa cultural por TV, preguntar alguna duda acerca de sus deberes.   

Así, para implementar bien el refuerzo positivo es necesario:

  1. Especificar bien la conducta a modificar
  2. Identificar reforzadores eficaces.
  3. Administrar de forma inmediata a emisión de conducta que deseamos.
  4. Utilizar varios reforzadores, para evitar saciación, por mucho que nos guste algo, el realizarlo de forma repetida nos puede llegar a cansar y perder su valor reforzante
  5. Acompañar todo refuerzo material o de actividad con los reforzadores sociales, menos costosos, más accesibles e inmediatos y de un gran valor que permite ir desvaneciendo el resto de las recompensas.
  6. Estimar cantidad óptima de reforzador.
  7. Pasar de un refuerzo continuo (refuerzo que aparece siempre tras la emisión de la conducta deseada) al intermitente (aparece sólo en ocasiones, alternado con refuerzos sociales) cuando vayamos viendo que la realización de la conducta deseada, se ha ido automatizando e incluso la misma realización llega a ser reforzante por sí misma

Este principio está en la base de una técnica llamada economía de fichas, utilizada para la instauración y control de conductas complejas para el niño/a.
No se trataría de otra cosa que de fijarnos dos o tres conductas muy concretas que queremos que el niño lleve a cabo, y utilicemos como refuerzo por su aparición una ficha, o punto, que podrá canjear más tarde en un plazo establecido (al finalizar el día o la semana) por los distintos premios que habremos pactado de antemano con él o ella (reforzadores materiales, de actividad….) en función de los puntos obtenidos. Así por ejemplo podrá obtener un postre especial con X puntos, o un tiempo extra de T.V o ir al cine el sábado, con otros tantos.

Debemos pactar también con el niño y de antemano qué necesita hacer para conseguir el punto/ficha y lo que obtendrá por su realización, en función de lo costosas que sean las conductas, así como la frecuencia, y momento del cambio.

Es importante que la entrega de fichas o puntos se haga sin demora, de forma inmediata, contingentemente al comportamiento emitido, que se den siempre que se emita esa conducta, que se adecue la cantidad y el tipo de reforzador a entregar, tanto al niño como a la situación (es importante que el niño/a perciba mucha recompensa al principio para motivarse, “poniéndoselo fácil” y poco a poco se vayan incrementando los criterios para lograr tanto el punto o ficha como el premio, encareciendo este último)  atender a la ley de “la oferta y la demanda” procurando no crear saciación y acompañar la entrega de la ficha con refuerzos sociales (“fenomenal, lo has hecho muy bien, estoy muy contento…”) que facilitarán la generalización.

En el próximo número trabajaremos con un ejemplo que facilite la comprensión y aplicación de esta base teórica, así como seguiremos profundizando en otros principios de actuación para modificar el comportamiento de nuestros hijos e hijas