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Sabemos castigar?

Publicado en PSICOLOGIA, SUPERACION PERSONAL con etiquetas , , , el Octubre 17, 2008 por edmoli879

 La cara y la cruz de una técnica tradicional
Lorena López Muñoz, Editora y Coordinadora de la sección de Educativa

Quizá la técnica más conocida y utilizada para eliminar aquellos comportamientos que nos resultan molestos sea el castigo. Parece sencillo llevarlo a cabo, pero ¿sabemos castigar? entonces ¿por qué no resulta a veces eficaz? ¿por qué no nos ayuda a conseguir nuestros objetivos?¿tenemos en cuenta las consecuencias y efectos no deseados  del castigo?.Vamos a tratar de conocer mejor el uso de esta técnica para potenciar sus efectos positivos y minimizar los negativos, es decir hacer de esta una técnica eficaz.

El Castigo

¿Qué es el castigo? El castigo es la aparición contingente e inmediata de cualquier consecuencia negativa, consecuencia materializada en un gesto, una palabra, una experiencia…, tras la realización de un comportamiento no deseado. La finalidad del mismo es reducir la probabilidad de aparición de dicho comportamiento en el futuro e incluso eliminarlo
Hay muchos tipos de castigos, aunque no todos son adecuados pese a que en un primer momento nos puedan parecer eficaces. Por ejemplo ridiculizar, pegar con fuerza o amenazar pueden conseguir de forma inmediata que un niño/a se calle, se siente, o coma, pero pueden provocar a largo plazo consecuencias no deseadas difíciles de eliminar.

El castigo puede ser: físico: una bofetada, ponerle cara a la pared, un tirón de orejas.. verbal: una crítica, un insulto…, social: ridiculizar delante de compañeros o amigos, poner algún distintivo negativo, enseñar un mal resultado en público… otros consisten en la prohibición de una actividad agradable para el niño: no ver TV, no coger la bicicleta, no ir a la piscina, o en la retirada de un privilegio: no recibir la asignación semanal, no tomar flan de postre…o en desempeñar una actividad desagradable: copiar varias veces un error cometido, hacer una redacción de una falta, recoger la clase entera…

En ocasiones el castigo puede convertirse en premio, ayudando a mantener el comportamiento tanto del emisor del castigo como de la persona a la que pretendemos censurar. Esto sucede cuando no hemos valorado con cuidado si la consecuencia que ha tenido el comportamiento, es negativa, no sólo para el que la impone, sino también para el que la recibe. Por ejemplo el profesor que echa de la clase a un niño que está interrumpiendo o distrayendo al resto, con el fin de castigarle y terminar con dicho comportamiento. Si al niño le aburría la clase y en el pasillo puede estar más distraído, no percibirá este hecho como un castigo, más bien se sentirá reforzado, sabiendo qué debe hacer cuando quiera “escapar” de las clases que no le gusten. O el padre que castiga sin salir al niño/a, cuando lo que le gusta es ver películas en casa.
 
Es un método muy usado por su eficacia a corto plazo y por resultar instructivo para quien lo observa, corta rápidamente el comportamiento indeseable y los demás “aprenden” lo que les sucederá si lo llevan a cabo.

Pero utilizado sin medida, de forma continuada y como técnica única puede provocar agresividad en los receptores del castigo, que tenderán a usar esta estrategia para resolver sus conflictos. Puede generar también sentimientos de rabia y odio que les lleva a buscar represalias contra el castigador; reacciones de escape del “castigador”, huyen de su compañía; dificultades de generalización, tiene un efecto poco duradero y presente mientras está presente el “castigador”, así, por ejemplo, si el padre o la madre puede conseguir que el niño estudie porque están presentes, es posible que si un día ellos no están, el niño no estudie; reacciones emocionales negativas, principalmente ante el castigo social, como ansiedad en niños/as ridiculizados/as por su profesor/a delante del resto de la clase, tendiendo a bloquearse en el aula, o depresión por baja autoestima al sentir que lo hacen todo mal o fuertes sentimientos de culpabilidad a largo plazo.

Por ello para potenciar las consecuencias positivas del mismo y sacarle realmente partido es importante que: sea aplicado como último recurso dentro de las técnicas expuestas, debe tener relación con la infracción cometida ), tanto en materia como en intensidad  (si el niño no ha hecho los deberes es preferible mandarle ejercicios extra para el día siguiente que dejarle sin recreo, y no los mismos si es la primera vez que si ya es recurrente); debe aplicarse de forma inmediata a la emisión de la conducta inapropiada y de forma coherente y sistemática, es decir siempre que esta aparezca, no en función de nuestro estado de ánimo.

El castigo no resulta apropiado para comportamientos muy frecuente, ya que el niño/a estaría permanentemente castigado, en estos casos es preferible premiar conductas alternativas e incompatibles; no deben ser duraderos y se deben mantener de principio a fin.
Los castigos físicos debemos aplicarlos de forma moderada, en  casos extremos y nunca como descarga de nuestro enfado

Además es importante combinarlo con otras de las técnicas expuestas, como la extinción, o el refuerzo de comportamientos alternativos y adecuados, de lo contrario la autoestima y estabilidad emocional del niño/a se verán afectadas.  

Teniendo en cuenta lo expuesto, antes de aplicar un castigo sería bueno preguntarse ¿seré capaz de cumplirlo?¿es proporcionado al error cometido?¿me ayudará a conseguir lo que quiero o sólo me aliviará momentáneamente?. ¡¡CUIDADO CON ÉL!!

 

¿El comportamiento, se Hereda o se Aprende?

Publicado en PSICOLOGIA, SUPERACION PERSONAL con etiquetas , , , , , , , , el Octubre 10, 2008 por edmoli879

Lorena López Muñoz, Editora y Coordinadora de la sección de Educativa

Una de las grandes polémicas que ha surgido entorno al estudio del carácter y comportamiento  humano es la determinación del peso que tiene la herencia (“Es igual que su padre”) y el ambiente (“el ambiente en el que se ha criado le ha hecho…”) en la formación del mismo. Son numerosos los estudios y muchos los resultados a favor y en contra de una y otra opción, lo cierto es que la influencia de ambas existe, incluso interactúan, pero es el entorno el susceptible de cambio, lo modificable y a nuestro alcance para poder instaurar, reducir o aumentar conductas.
           
Este entorno o ambiente está formado por una serie de factores externos que ejercen o pueden ejercer una acción directa sobre el comportamiento. Ambiente es todo lo que nos rodea: la familia con la que uno vive, el contexto social en que se encuentra, el lugar donde reside. Ambiente son también las ideas, creencias, juicios de quienes nos rodean.

La elección de la escuela a la que acudirán nuestros/as  hijos e hijas, de acuerdo con nuestras ideas acerca de la educación o por criterios de tipo práctico (económicos, proximidad…), el barrio en el que vivirán, la estructura familiar, las amistades etc. están configurando parte del ambiente que les rodeará y por tanto su “carácter”, su ideología, sus gustos…

Incluso la predisposición genética a tener un determinado físico (tener el pelo rizado o ser propenso a la obesidad), que a priori no supone por sí mismo un problema, lo puede llegar a ser en un ambienten en el que las pautas estéticas que rigen, valoran tener el pelo lacio o estar delgado. En este caso los rasgos iniciales son debidos a la herencia pero la conducta que se origina será debida a la interacción de estos rasgos con el medio.   

Pero, ¿a qué llamamos conducta?
Llamamos conducta o comportamiento a todo lo que hace el ser humano, adulto o niño: una acción, un movimiento, e incluso la forma de reaccionar en una situación determinada. Siempre estamos haciendo algo y los demás a nuestro alrededor también.

De las respuestas que dé el ambiente a estos comportamientos, respuestas positivas o negativas, va a depender que estos persistan, aumenten o disminuyan.

Si cuando una niña llora, su madre o padre le coge en brazos enseguida, aprenderá que su comportamiento ha sido eficaz para conseguir su objetivo y por tanto mantendrá este comportamiento siempre que desee que esa consecuencia, tan positiva para él, vuelva a suceder.. Si un niño recibe un caramelo inmediatamente después de vestirse solo, es probable que en el futuro se vista solo con más frecuencia, ha visto “recompensado” su esfuerzo . Si al comprar en una tienda logramos un descuento, probablemente volveremos a comprar a esa tienda. Todos estos comportamientos han estado seguidos de consecuencias positivas, agradables, por ello la probabilidad de repetirse en un futuro aumentará.

Si por el contrario, al realizar una conducta no se obtienen consecuencias agradables o incluso las consecuencias que se obtienen son negativas (un insulto, quedarme sin postre o sin mi programa favorito, una factura cara por un servicio poco competente…) es probable que esa conducta disminuya o no se repita más. Luego el aprendizaje de unos comportamientos u otros dependerán, en gran medida, de las consecuencias que producen en le entorno.

Pero no sólo las consecuencias son las responsables de nuestra forma de actuar.
“¿Dónde habrá aprendido este niño a…?, nosotros nunca lo hacemos”. La observación e imitación de los modelos que nos rodean también son una fuente importante de aprendizaje. El aprendizaje por imitación se inicia muy pronto y se desarrolla durante toda la vida.
La adquisición del habla es un ejemplo claro de aprendizaje por imitación. Ésta se realiza en un principio en presencia del modelo, más adelante esta presencia no será necesaria para que el niño pueda imitar al modelo. Bastará con que observe un comportamiento en un momento determinado y lo reproducirá posteriormente porque lo recuerda, aunque la situación no sea exactamente la misma.

Los primeros modelos a imitar van a ser los familiares cercanos: hermanos, padre y madre, etc. Más tarde cuando el niño vaya a la guardería o al colegio serán los maestros, compañeros, amigos de juegos, héroes, cantantes y protagonistas de sus series preferidas.

Ahora bien, de nuevo las consecuencias del comportamiento tiene un peso importante, los niños no imitan todos los comportamientos que ven a su alrededor, sino que seleccionan, observando cuáles son los que reportan consecuencias positivas tanto a quienes los realizan como a ellos mismos al ejecutarlos. Si la primera vocalización del bebé, o su primera sonrisa viene seguida del entusiasmo de los padres, o de un sonido similar, la probabilidad de que éste lo repita será mayor.

Así pues vemos que tanto la conducta adecuada como la inadecuada (aquella que dificulta el desarrollo personal satisfactorio, tanto del que emite, como del que recibe el comportamiento) se aprenden por procedimientos análogos y que en nuestra mano está, muchas veces, modificar el ambiente que contribuye o no al desarrollo de las mismas. Conociendo las técnicas adecuadas y llevándolas a cabo de forma consistente y en el momento adecuado, podremos, en principio, aprender a modificar el comportamiento.

Cómo ayudo a mis hijos…

Publicado en PSICOLOGIA, SUPERACION PERSONAL con etiquetas , , , , , , , , , el Octubre 10, 2008 por edmoli879

CÓMO AYUDAR A MI HIJO A MEJORAR SU COMPORTAMIENTO
Lorena López Muñoz, Editora y Coordinadora de la sección de Educativa

Intervenir sobre las conductas de los niños y niñas supone trabajar para cambiar las consecuencias que generan dichas conductas en el ambiente de las mismos, siendo generalmente los padres los encargados de dicha labor.

Vamos a ir señalando los “principios” de los que podemos valernos para poder fortalecer o enseñar nuevos comportamientos que queremos que desarrollen nuestros hijos/as y la aplicación de los mismos

A. Refuerzo positivo: para conseguir que una conducta se repita en el tiempo o incluso aparezca con más fuerza, el que emite esa conducta debe sentirse “recompensado”, debe sentir que la emisión de ese comportamiento nos ha gustado. Y lo debe hacer de forma inmediata para que sea eficaz.
El refuerzo es algo que nos agrada. Puede consistir en  elogios, alabanzas, frases de ánimo, felicitaciones, expresiones faciales, contacto físico, escuchar con atención (reforzadores sociales); también pueden ser reforzadores materiales, productos consumibles como chicles, chocolate, refrescos, …Artículos manipulables como discos, balones, juguetes,..o cualquier objeto que sea gratificante para el niño: ropa, una habitación para él solo..Podemos reforzarle también permitiéndole realizar actividades placenteras para él como ver la tele, jugar a la videoconsola, incluso actividades compartidas como leerle un cuento, pasar rato con los amigos, ir al cine, etc.

Para utilizar el método del refuerzo, en primer lugar hay que conocer qué cosas son reforzantes para el niño/a (si regalo un libro a alguien al que no le gusta leer no lo recibirá como premio) y qué conducta en concreto queremos reforzar, proporcionando este refuerzo de forma inmediata siempre que se de la conducta deseada. No obstante, a medida que el niño la vaya adquiriendo, la propia ejecución de la conducta será reforzante en sí misma y no será necesario recompensarla continuamente.

¿Cómo y cuando utilizarlo?

Si la conducta que deseamos implementar es compleja para el niño/a, es importante reforzar o reconocer cada pequeño paso hacia la misma, porque si esperamos la realización perfecta, el cambio inmediato, “de un día para otro”  y despreciamos los pequeños esfuerzos, difícilmente motivaremos para continuar el cambio. Así si al niño le cuesta estudiar y esperamos a que no se levante en toda la tarde, o le cuesta ordenar y hasta que no vemos recogida por completo la habitación no le premiaremos o incluso le recriminaremos aquello que le faltó, probablemente desista del intento de cambio.
Por el contrario si queremos que nuestro hijo adquiera hábito de estudio, podemos empezar reforzando cualquier actividad próxima a la de estudiar: leer, ver algún programa cultural por TV, preguntar alguna duda acerca de sus deberes.   

Así, para implementar bien el refuerzo positivo es necesario:

  1. Especificar bien la conducta a modificar
  2. Identificar reforzadores eficaces.
  3. Administrar de forma inmediata a emisión de conducta que deseamos.
  4. Utilizar varios reforzadores, para evitar saciación, por mucho que nos guste algo, el realizarlo de forma repetida nos puede llegar a cansar y perder su valor reforzante
  5. Acompañar todo refuerzo material o de actividad con los reforzadores sociales, menos costosos, más accesibles e inmediatos y de un gran valor que permite ir desvaneciendo el resto de las recompensas.
  6. Estimar cantidad óptima de reforzador.
  7. Pasar de un refuerzo continuo (refuerzo que aparece siempre tras la emisión de la conducta deseada) al intermitente (aparece sólo en ocasiones, alternado con refuerzos sociales) cuando vayamos viendo que la realización de la conducta deseada, se ha ido automatizando e incluso la misma realización llega a ser reforzante por sí misma

Este principio está en la base de una técnica llamada economía de fichas, utilizada para la instauración y control de conductas complejas para el niño/a.
No se trataría de otra cosa que de fijarnos dos o tres conductas muy concretas que queremos que el niño lleve a cabo, y utilicemos como refuerzo por su aparición una ficha, o punto, que podrá canjear más tarde en un plazo establecido (al finalizar el día o la semana) por los distintos premios que habremos pactado de antemano con él o ella (reforzadores materiales, de actividad….) en función de los puntos obtenidos. Así por ejemplo podrá obtener un postre especial con X puntos, o un tiempo extra de T.V o ir al cine el sábado, con otros tantos.

Debemos pactar también con el niño y de antemano qué necesita hacer para conseguir el punto/ficha y lo que obtendrá por su realización, en función de lo costosas que sean las conductas, así como la frecuencia, y momento del cambio.

Es importante que la entrega de fichas o puntos se haga sin demora, de forma inmediata, contingentemente al comportamiento emitido, que se den siempre que se emita esa conducta, que se adecue la cantidad y el tipo de reforzador a entregar, tanto al niño como a la situación (es importante que el niño/a perciba mucha recompensa al principio para motivarse, “poniéndoselo fácil” y poco a poco se vayan incrementando los criterios para lograr tanto el punto o ficha como el premio, encareciendo este último)  atender a la ley de “la oferta y la demanda” procurando no crear saciación y acompañar la entrega de la ficha con refuerzos sociales (“fenomenal, lo has hecho muy bien, estoy muy contento…”) que facilitarán la generalización.

En el próximo número trabajaremos con un ejemplo que facilite la comprensión y aplicación de esta base teórica, así como seguiremos profundizando en otros principios de actuación para modificar el comportamiento de nuestros hijos e hijas