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EL CONTRATO CONDUCTUAL: una forma de negociar La negociación también es una vía importante para impulsar cambios en nuestros hijos. Recordemos que aunque creamos que un comportamiento cambia con la suficiente presión sobre la otra persona, esto sólo es un espejismo, necesitamos motivar el cambio, ceder, que no perder, para ganar realmente.Por ello es importante hacer ver que el cambio merecerá la pena. Ese “por que sí”, “porque te lo digo yo y basta”, sólo funcionará de forma inmediata, por temor, por miedo, pero no generará los cambios deseados a medio y largo plazo. Sobre esta idea hemos intentado presentar algunas técnicas para el cambio de comportamiento del niño/a, y sobre ella también basamos la propuesta de hoy. Se trata del contrato conductual. Hoy en día realizamos contratos de compra venta, de alquiler, de trabajo…, en ellos acordamos una serie de condiciones que nos comprometemos a cumplir cada una de las partes participantes, a cambio de una serie de beneficios. Nadie da sin recibir nada a cambio. En los estos contratos debemos especificar:
Todos estos términos deben plasmarse por escrito, y ser negociados y acordados por ambas partes, para que el compromiso y realización de los mismos sea posible.
En la puesta en práctica es importante recordar lo expuesto al hablar del refuerzo: la inmediatez de la recompensa, reforzar los acercamientos, los éxitos parciales, ser firmes, etc.
También es importante revisar el contrato periódicamente, cambiar términos, revisar dificultades, etc. Sino la eficacia peligraría. Las ventajas de esta técnica son la reducción de la incertidumbre y la ambigüedad de lo que el niño/a cree que se espera de él/ella, se le da pistas de por dónde empezar su cambio. Se le hace una parte implicada y puede ver cómo todas las partes quedan reforzadas “todos ganan”. Al ser cambios negociados, aceptados, nos garantizamos que el niño/a se siente capaz de llevarlo a cabo y no es algo fuera de su alcance, lo que nos asegura una mayor motivación. También ayuda a mejorar las relaciones personales, no es una imposición es una negociación.
Habiendo hecho un recorrido básico por algunas de las herramientas a nuestro alcance, y esperando haber dado algunas pistas para hacernos y creernos parte activa en el cambio de nuestros hijos/as, me gustaría recordar que lo importante es observar y detectar las conductas problema, intentando concretar lo más posible, qué es lo que quiero que mi hijo/a varíe. El “quiero que cambie su actitud”es algo demasiado genérico y nada práctico, así que debemos recordar que, para un cambio efectivo es necesario:
Insistiendo en la importancia de la constancia y la paciencia, ahora lo que toca es empezar a practicar, en los pequeños fallos que nos gustaría mejorar, no esperemos a tener dificultades mayores. |
Archivos para Octubre 10, 2008
Negociar con los niños
Publicado en PSICOLOGIA, SUPERACION PERSONAL con etiquetas acuerdos, comportarse, compromiso, consecuencias, negociar, niños, premios, téerminos el Octubre 10, 2008 por edmoli879Ansiedad infantil
Publicado en PSICOLOGIA, SUPERACION PERSONAL con etiquetas ansiedad, emociones, malestar, miedos, nerviosismo, temores el Octubre 10, 2008 por edmoli879LA ANSIEDAD INFANTIL: VENCIENDO LOS TEMORES (I)
Lorena López Muñoz, Editora y Coordinadora de la sección de Educativa
El miedo es una respuesta natural y propia de la evolución del ser humano. Los temores, la ansiedad son emociones que también se sienten en la infancia, como consecuencia de la gran cantidad de situaciones novedosas a las que lo niños tienen que hacer frente. Cuando estos temores no son fáciles de controlar pueden aparecer en los niños quejas físicas y anímicas que interfieren en su desarrollo normal, apareciendo síntomas de ansiedad. Los estudios epidemiológicos demuestran que la prevalencia de los Trastornos de Ansiedad en la infancia oscila entre 5,6% y 21%. Las niñas presentan una más alta frecuencia que los varones.
La ansiedad es la sensación que padecemos, en forma de activación física, acelerándose nuestro corazón, con una respiración entrecortada, mareos, “opresión” en el pecho o un “nudo en el estómago”. Esta sensación, es una reacción natural de nuestro organismo, que nos prepara para enfrentarnos a situaciones novedosas, difíciles, exigentes, de una forma exitosa.
Si nosotros hacemos una evaluación desproporcionada, poco real, de la demanda exterior, ya sea por evaluarla exigente en sí misma, ya sea por sentirnos sin recursos personales suficientes para hacerla frente, sintiendo que no seremos “capaces” de salir airosos de ella, esas sensaciones tienden a desproporcionarse, a hacerse más intensa o a durar más de lo que sería esperable, haciéndose más desagradables, y es entonces cuando decimos que tenemos “ansiedad”.
Los niños y niñas, en su desarrollo evolutivo, son los primeros que tienen que hacer frente a un gran número de situaciones novedosas, situaciones, que por presentarse por primera vez, no controlan, desconocen, pudiendo sentirse desbordados por ellas. Situaciones tales como empezar el colegio, separarse de su entorno más cercano, exámenes, actividades, deberes, relaciones sociales…pueden ser evaluadas, en ocasiones, como “negativas”, “no alcanzables” y al enfrentarse a ellas sentirse poco capaces, poco seguros, generándose en ellos todo tipo de sensaciones físicas que les hacen sentir malestar.
A lo largo de la infancia aparecen miedos denominados evolutivos, es decir propios del desarrollo normal del niño/a. Estos miedos nada tienen que ver con un trastorno infantil o un problema emocional, por el contrario fomentan a un crecimiento adecuado.
Por ejemplo, hacia los 8 meses aparece el miedo a los extraños, miedo que se refleja en el llanto ante caras desconocidas y personas no familiares. En esta edad el niño/a se siente reconfortado por la presencia de sus padres y sólo la presencia de una figura conocida puede calmar al niño.
Entre los 6 y 18 meses comienzan los temores a la oscuridad y a lo desconocido.
En la segunda infancia (2 a 7 años), la naturaleza de los miedos es muy amplia; aparecen temores a los animales, a los monstruos, los fantasmas, a la soledad…
A partir de los 7 años se presentan temores acerca del rendimiento escolar y deportivo, temores de tipo existencial y el miedo a la muerte.
Los temores descritos disminuyen o desaparecen cuando el niño evoluciona de modo normal. Si esto no ocurre, es probable que nos encontremos frente a un Trastorno de Ansiedad .
¿Cuándo hablamos de un Trastorno de Ansiedad en un niño/a?
Cuando el niño/a manifieste ansiedad ante un acontecimiento determinado, de forma muy intensa, o con una duración mayor de lo esperable teniendo en cuenta su edad, e interfiera en su ritmo de vida normal.
Los principales síntomas de la ansiedad en la infancia son similares a los del adulto, y el niño/a los manifestará de igual forma: dolores de cabeza y estómago, mareos, ganas de vomitar, tensión, ganas de llorar, llanto, opresión en el pecho, dificultades para respirar…
Los principales trastornos de Ansiedad en la infancia, son:
Trastorno de Ansiedad por Separación
Cuando el niño/a, teniendo en cuenta su edad, manifiesta una ansiedad excesiva, a través de los síntomas expuestos, ante su separación de las personas del entorno familiar, o de aquellas con las que mantiene un vínculo afectivo, podemos pensar que más allá de un miedo evolutivo, puede estar padeciendo un trastorno de ansiedad por separación.
En estos casos el niño/a tiene una preocupación excesiva por la seguridad y salud de sus padres, miedo a estar solo/a, negativas a ir al colegio, quejas físicas la noche anterior, “pataletas” a la puerta del colegio, miedo a dormir solo/a, etc.
Trastorno De Ansiedad Generalizada.
Este trastorno se caracteriza por una preocupación y un temor excesivo a diferentes situaciones cotidianas. Es un temor difuso, no concreto a un objeto o situación.
El contenido de la preocupación puede no ser fijo, sino variar de unas épocas a otras.
En este caso, de nuevo existe una preocupación crónica, intensa, que dificulta la concentración del niño/a. Se manifiesta también a través de sensación de cansancio, mal humor, agresividad, “rabietas” ante los cambios o ante situaciones que el niño no sienta que controla.
Fobia Especifica.
Es el temor exagerado e irracional a un objeto o situación determinada (volar, contacto con animales, a las alturas, a los espacios cerrados, a la oscuridad, a los insectos, etc.), al contrario que en la ansiedad generalizada este es un temor muy concreto, hacia algo muy localizado.
Constituye el trastorno de ansiedad más frecuente.
En la infancia, los animales, el colegio y la oscuridad son las fobias específicas más frecuentes
Como comentábamos antes, se deben diferenciar las fobias de los temores normales y evolutivos. Estos últimos tienden a remitir meses después de haber aparecido.
La fobia social y el trastorno obsesivo compulsivo, son otras dos manifestaciones de ansiedad que inciden en la infancia. Trataremos de esbozarlas en el próximo número y veremos cómo podemos prevenir y abordar los primeros síntomas de ansiedad en nuestros hijos.
¿El comportamiento, se Hereda o se Aprende?
Publicado en PSICOLOGIA, SUPERACION PERSONAL con etiquetas ambiente, aprender, compañeros, comportamiento, conductas, entorno, factores, hijos, maestros el Octubre 10, 2008 por edmoli879|
Lorena López Muñoz, Editora y Coordinadora de la sección de Educativa Una de las grandes polémicas que ha surgido entorno al estudio del carácter y comportamiento humano es la determinación del peso que tiene la herencia (“Es igual que su padre”) y el ambiente (“el ambiente en el que se ha criado le ha hecho…”) en la formación del mismo. Son numerosos los estudios y muchos los resultados a favor y en contra de una y otra opción, lo cierto es que la influencia de ambas existe, incluso interactúan, pero es el entorno el susceptible de cambio, lo modificable y a nuestro alcance para poder instaurar, reducir o aumentar conductas. La elección de la escuela a la que acudirán nuestros/as hijos e hijas, de acuerdo con nuestras ideas acerca de la educación o por criterios de tipo práctico (económicos, proximidad…), el barrio en el que vivirán, la estructura familiar, las amistades etc. están configurando parte del ambiente que les rodeará y por tanto su “carácter”, su ideología, sus gustos… Incluso la predisposición genética a tener un determinado físico (tener el pelo rizado o ser propenso a la obesidad), que a priori no supone por sí mismo un problema, lo puede llegar a ser en un ambienten en el que las pautas estéticas que rigen, valoran tener el pelo lacio o estar delgado. En este caso los rasgos iniciales son debidos a la herencia pero la conducta que se origina será debida a la interacción de estos rasgos con el medio. Pero, ¿a qué llamamos conducta? De las respuestas que dé el ambiente a estos comportamientos, respuestas positivas o negativas, va a depender que estos persistan, aumenten o disminuyan. Si cuando una niña llora, su madre o padre le coge en brazos enseguida, aprenderá que su comportamiento ha sido eficaz para conseguir su objetivo y por tanto mantendrá este comportamiento siempre que desee que esa consecuencia, tan positiva para él, vuelva a suceder.. Si un niño recibe un caramelo inmediatamente después de vestirse solo, es probable que en el futuro se vista solo con más frecuencia, ha visto “recompensado” su esfuerzo . Si al comprar en una tienda logramos un descuento, probablemente volveremos a comprar a esa tienda. Todos estos comportamientos han estado seguidos de consecuencias positivas, agradables, por ello la probabilidad de repetirse en un futuro aumentará. Si por el contrario, al realizar una conducta no se obtienen consecuencias agradables o incluso las consecuencias que se obtienen son negativas (un insulto, quedarme sin postre o sin mi programa favorito, una factura cara por un servicio poco competente…) es probable que esa conducta disminuya o no se repita más. Luego el aprendizaje de unos comportamientos u otros dependerán, en gran medida, de las consecuencias que producen en le entorno. Pero no sólo las consecuencias son las responsables de nuestra forma de actuar. Los primeros modelos a imitar van a ser los familiares cercanos: hermanos, padre y madre, etc. Más tarde cuando el niño vaya a la guardería o al colegio serán los maestros, compañeros, amigos de juegos, héroes, cantantes y protagonistas de sus series preferidas. Ahora bien, de nuevo las consecuencias del comportamiento tiene un peso importante, los niños no imitan todos los comportamientos que ven a su alrededor, sino que seleccionan, observando cuáles son los que reportan consecuencias positivas tanto a quienes los realizan como a ellos mismos al ejecutarlos. Si la primera vocalización del bebé, o su primera sonrisa viene seguida del entusiasmo de los padres, o de un sonido similar, la probabilidad de que éste lo repita será mayor. Así pues vemos que tanto la conducta adecuada como la inadecuada (aquella que dificulta el desarrollo personal satisfactorio, tanto del que emite, como del que recibe el comportamiento) se aprenden por procedimientos análogos y que en nuestra mano está, muchas veces, modificar el ambiente que contribuye o no al desarrollo de las mismas. Conociendo las técnicas adecuadas y llevándolas a cabo de forma consistente y en el momento adecuado, podremos, en principio, aprender a modificar el comportamiento. |
