Arquetipos
Arquetipo (gr. archo, ser el primero. typos modelo) Tipo supremo, prototipo ideal de las cosas.
El contenido del inconsciente colectivo expresado como imágenes universales primordiales transferidas desde un pasado ancestral, que incluye no sólo la humanidad temprana sino también a los ancestros animales y otros precursores del género humano. Los arquetipos no son parte del pensamiento consciente sino predisposiciones hacia ciertos comportamientos (patrones de actuación psicológica ligados al instinto), como el miedo a la oscuridad o el instinto materno, que son reforzados y modificados a través de la experiencia individual.
El psiquiatra Carl G. Jung desarrolló aunque no originó- el concepto de los arquetipos, los cuales han existido universalmente por miles de años en mitologías y en cuentos de hadas. El filósofo griego Heráclito fue el primero en ver la psiquis como el principio original del arquetipo. La idea del arquetipo fue articulada por Platón en su Teoría de las Formas, la cual sostiene que la esencia de una cosa o concepto es su forma o idea subyacente. El término “arquetipo” aparece en los escritos de Philo Judaes, Irenaeus y Dionisio el Areopagita. El concepto -aunque no el término- se encuentra también en los escritos de San Agustín.
Jung escribió primero acerca de las imágenes primordiales en el inconsciente de sus pacientes en 1912. Usó el término arquetipo, por primera vez en 1919, para poder distinguir entre el arquetipo propiamente dicho y la imagen del arquetipo percibido a nivel consciente.
Según Jung, los arquetipos son limitados. Se crean por la repetición de situaciones y experiencias grabadas en la constitución psíquica. Sin embargo, no son formas de imágenes llenas de contenido, sino formas sin contenido. Cuando ocurre una situación que corresponde a un arquetipo, éste se activa y aparece la compulsividad. Dios, el nacimiento, la muerte, el renacimiento, el poder, la magia, el sol, la luna, el viento, los animales y los alimentos son arquetipos; como lo son los rasgos característicos en el héroe, el sabio, el juez, el niño, el embaucador (“trickster”) y la Madre Tierra. Las asociaciones, símbolos, situaciones y procesos son arquetipos. Su función en la personalidad cambia cuando el individuo crece y encuentra nuevas situaciones. Los arquetipos se comunican con el inconsciente y uno puede llegar a una revelación interior con sólo tratar de identificarlos, prestando atención a las fuerzas arquetípicas en la propia vida. Los arquetipos, dijo Jung, son fuerzas psíquicas que exigen ser tomadas en serio; si se descuidan, pueden causar desórdenes neuróticos y hasta psicóticos. Jung identificó cuatro arquetipos con funciones significativas en la personalidad y conducta humanas:
l) La persona. La máscara pública o “cara externa” como Jung la denominó, detrás de la cual una persona vive de acuerdo con lo que la sociedad espera de ella. Los individuos tienen una colección de máscaras para enfrentar situaciones sociales varias.
2) La sombra. El otro lado de la persona, su aspecto más inferior, que existe como parte del inconsciente personal. La sombra es “incivilizada” y desea hacer lo que la persona no le permite. Permanece en estado primitivo a través de la vida y a menudo aparece en sueños como una persona desagradable, del mismo sexo del que sueña. La sombra es odiada y rechazada; el aspecto más difícil de la psicoterapia es lograr que el paciente se enfrente con su propia sombra.
3) El anima y animus. Los aspectos masculino y femenino de la psiquis respectivamente. Cada persona tiene cualidades de ambos sexos, lo que permite una amplia gama de expresiones. El anima y animus se proyectan primero sobre la madre y el padre, y después en otros. El anima y animus a menudo están subdesarrollados, debido a la característica de la cultura occidental que impide a los niños manifestar una conducta asociada con el sexo opuesto.
4) El yo. El arquetipo central del inconsciente colectivo y el principio organizador de la personalidad. Existe aparte del ego, el cual es el centro de la mente consciente, El yo une lo consciente y lo inconsciente, y promueve una conciencia de la interpenetración de toda vida y energías presentes en el cosmos. Usualmente surge a mitad de la vida, después de lograr un desarrollo suficiente de la personalidad a través de la individuación (“la Jornada del Héroe”). Jung apreció las vías de realización del ser a través de las religiones orientales y la meditación, pero sostuvo que debía ponerse más énfasis en el conocimiento del yo, que podría ser obtenido a través de los sueños.
Jung dijo que la existencia de arquetipos puede ser probada mediante sueños (su fuente primaria) y a través de la imaginación activa o fantasías producidas por una concentración deliberada. Dijo también que otras fuentes de material arquetípico se encuentran en las ilusiones de los paranoicos, las fantasías en estados de trance y en los sueños de la primera infancia entre los tres y cinco años.
El mismo Jung tuvo un encuentro con arquetipos y el inconsciente colectivo entre los tres y cuatro años de edad, cuando soñó con una oscura abertura en la tierra y símbolos de dioses paganos. El sueño tuvo un profundo impacto en él y fue incapaz de hablar sobre el mismo hasta los 65 años; Jung creyó que era una evidencia del inconsciente colectivo. Siendo niño comenzó a sentir que tenía dos personalidades separadas: una era su yo normal y la segunda una personalidad arquetípica, mucho mayor, que vivía fuera del tiempo y personificaba todas las experiencias de la vida humana, Al crecer, la segunda personalidad -a quien llamó Filemón- aumentó su dominio y entró en conflicto con la primera.
Jung dedicó mucho de su estudio al tema de los arquetipos. Con el correr de los años modificó su concepto de ellos, aunque nunca ofreció una definición definitiva. En 1946 adelantó la idea del “inconsciente psicoide”, lo que dio lugar al arquetipo psicoide. El inconsciente psicoide se refiere a un nivel más fundamental del inconsciente al que no se puede llegar por el consciente y que tiene propiedades en común con el mundo orgánico. Está formado por dos mundos y hace de puente entre ellos. Es, a la vez, psicológico y fisiológico, material e inmaterial. Así, un arquetipo psicoide expresa una conexión entre lo psíquico y lo orgánico: es lo psíquico en el proceso de hacerse material.
Los críticos de Jung sostenían que los arquetipos eran “representaciones heredadas” y supersticiones, a lo cual Jung replicaba que si ese fuera el caso, entonces los arquetipos serían fácilmente comprensibles cuando aparecen en la conciencia. De hecho, dijo, la gente a menudo es desconcertada por los arquetipos, especialmente cuando aparecen en los sueños como símbolos desconocidos.
Los arquetipos son el centro de la psicoterapia junguiana en lo que se refiere al proceso de individuación el proceso en el que la persona llega a convertirse en un todo. Los símbolos arquetípicos en los sueños revelan tanto el progreso como la ausencia de progreso en el proceso de la individuación. Al comprender los símbolos, el individuo descubre lo que le hace falta hacer para seguir. Las interpretaciones de los arquetipos han sido aplicadas a diversos campos distintos de la psicología, tales como los estudios de la mujer, mitología, profesiones de curación y el tarot.
En la psicología transpersonal, los arquetipos emergen en ciertas experiencias transpersonales tales como la terapia psicodélica, en la cual reflejan el mundo material o tienen existencia propia. En la terapia de regresión a vidas pasadas, las imágenes de las vidas anteriores son vistas por algunos terapistas como arquetipos y no necesariamente como material real de vidas pasadas.
Por:José German